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viernes, 7 de mayo de 2010

Agnus Dei (Cap. I)


Capítulo I

Agnus sanguinis



Exhausto y casi sin fuerzas tras la carrera, David consiguió a duras penas abrir el portalón de la iglesia. Se detuvo ante la atmósfera fría y desolada del antiguo edificio que, a la luz tamizada de la tarde, parecía que esperara a alguien para envolverlo con el eco de la soledad que transmitía.

El niño, de tan sólo siete años, no comprendía muy bien a lo que iba, aunque en lo más profundo lo temía.

-¡Ve a buscar al cura, rápido! –le había casi gritado la madre desesperada junto a la cama donde yacía su padre enfermo desde hacía varios meses. ¿Por qué no al médico? ¿Por qué al cura? Era difícil comprender a los mayores a veces, aunque en esta ocasión, aun sin entenderlo, lo intuía.

Papá se muere.

Se adentró lentamente en la iglesia vacía. A las cuatro de la tarde y con la lluvia fina que caía era difícil que alguien estuviera allí. Mientras caminaba por entre los bancos intentaba atar los cabos de por qué cuando alguien se está muriendo necesita a un sacerdote. Nunca antes había oído hablar de extrema unción, pero sabía de lo que ocurría en los pueblos como el suyo: cada acto de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, estaba siempre acompañado de la figura de aquel hombre que conocía desde que tenía uso de razón

-¡Padre Damián! –gritó. Las paredes y techos reverberaron durante unos instantes con la voz cristalina del niño. –Padre Damián, ¿está usted ahí?

David se quedó oyéndose a sí mismo, pero no obtuvo respuesta, de modo que siguió avanzando por la iglesia hasta alcanzar el altar. Allí intentó volver a llamar al cura, pero descubrió la puerta de la sacristía entreabierta y se acercó con lentitud hacia ella. Terminó de abrirla y un olor extraño le invadió el olfato. Era una mezcla entre el polvo acumulado de años y algo que no conseguía recordar. Intrigado, se quedó pensando y por un momento olvidó el motivo por el que había llegado hasta allí.

De repente se le vino a la memoria una de esas fiestas que hacían algunas veces los vecinos. Todos bebían vino mientras se oían los gritos del animal al que estaban degollando. Él no podía mirar. Esos gemidos eran como los de un recién nacido y lo hacían estremecerse hasta que por fin se callaban. Entonces todos volvían más contentos con el animal inerte y un barreño.

El olor de la sacristía era como el olor de la sangre del cordero. David dio un paso atrás.

-Padre Damián –esta vez su voz era casi un susurro y comprendió que no tenía sentido hacerlo así. Si no había oído los gritos iba a ser imposible que lo escuchara susurrar. Recordó el motivo de su carrera, se armó de valor y entró en la sacristía.

A pesar del desorden y el polvo, la estancia no parecía distinta a la única vez anterior que había estado allí, cuando con otros niños se coló para intentar descubrir qué se escondía en aquel misterioso cuarto del que salían el cura y los monaguillos. Había libros viejos por todas partes y una percha de la que colgaban las vestiduras del sacerdote pulcramente planchadas y limpias. Los papeles estaban desperdigados por todas partes y sobre la mesa había una pila de cartas que parecían antiguas. Todo daba la impresión de estar igual, pero el olor era distinto. Muy distinto.

Por mucho que intentaba aguzar el oído, David, no conseguía escuchar a nadie. No se oían pasos, no se oía una tos, una respiración o a alguien musitando una oración. El silencio era sepulcral.

Dio la vuelta a la enorme mesa para acercarse a la puerta que conducía más adentro. El olor le golpeó esta vez tan fuertemente que tuvo que volverse de inmediato. Intentó llamar al sacerdote de nuevo, pero la voz no le salía de la garganta. No lo dudó más y rodeó deprisa la mesa. Ahora tenía que saber lo que ocurría allí.

Lo que vio se quedaría grabado en sus retinas para el resto de su vida.

2 comentarios:

ONUBIUS dijo...

Venia a conocerte, a dejarme llevar por tus letras, es un placer llegar hasta aquí, tengo que regresar para ver lo que sus retinas no olvidarían jamas...magnifico.

Abrazzzusss
Josh

ONUBIUS dijo...

Vuelvo de nuevo y en tu ausencia no queria dejar de estar en un dia como hoy donde me propuse un maratoniano vaiven por las letras de cuantos amig@s siguen Girando a mi alrededor, puede parecer perfectamente un mensaje en cadena pero es la unica forma de venir felicitándote la Navidad, personalmente,quizás la utopía parezca grande, pero mis deseos se quedan pequeños, por lo mucho que deseo abarcar para ti, para que estas Navidades empapen cada centímetro habitado, para que ningún olvido se quede encerrado en el baúl, para compartir sin necesidad de pedir, para sonreír sin limitaciones, para ganarle el pulso a la tristeza, para que la esperanza arraigue en nuestros corazones, para darte las gracias por estar ahí y en definitiva para que la Navidad sea para todos y para todo el año...MIL ABRAZZZUSSS PARA UNA FELIZ NAVIDAD Y UN NUEVO AÑO LLENO DE SUEÑOS CUMPLIDOS..